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UNA(S) CIERTA(S) MIRADA(S) PARA UN(OS) CIERTO(S) RELATO(S)

UNA(S) CIERTA(S) MIRADA(S) PARA UN(OS) CIERTO(S) RELATO(S)
Una(s) cierta(s) mirada(s) para un(os) cierto(s) relato(s)
Importa qué historias contamos para contar otras historias; importa qué nudos anudan nudos, qué pensamientos piensan pensamientos, qué descripciones describen descripciones, qué lazos enlazan lazos. Importa qué historias hacen mundos, qué mundos hacen historias.
Donna Haraway*
La reunión del trabajo de estas cinco artistas puede entenderse como una cartografía constelar de prácticas, investigaciones y modos de mirar. Un campo de resonancias poroso que visibiliza temas de investigación y estrategias para abordar y dar sentido al mundo que habitamos, una reflexión sobre cómo los modos de observar, narrar y pensar producen mundos. Marianna Dellekamp, María Ezcurra, Bárbara Foulkes, Blanca González y Kara Rooney comparten una práctica interdisciplinaria centrada en el estudio de objetos de uso diario para ser resignificados como dispositivos de reflexión crítica y poética en torno a la memoria, el paso del tiempo y nuestra relación –y responsabilidad– con nuestro entorno. Sus obras articulan perspectivas tan personales como colectivas para cuestionar construcciones sociales de identidad y pertenencia.
Si bien cada una trabaja desde lenguajes y preocupaciones específicas y personales, coinciden en su interés por el análisis, la documentación y el reordenamiento de los sistemas que determinan la experiencia humana, material y simbólica. Sus prácticas convergen en una aproximación investigativa, archivística y procesual sobre lo que permanece y lo que se invisibiliza, lo que persiste y lo que se erosiona hasta desvanecerse.
Ya sea a partir del estudio del territorio natural o el entorno urbano (González, Rooney), la reinterpretación de elementos domésticos (Ezcurra), la relación humano-máquina (Foulkes) o la acumulación, clasificación y reconfiguración de colecciones (Dellekamp), los proyectos reunidos en esta exposición conciben a sus objetos de estudio como contenedores de memoria y evidencia de dinámicas y procesos culturales, afectivos e históricos, susceptibles –a su vez– de ser cuestionados y transformados en otros relatos –quizá– más esperanzadores.
Tania Ragasol
Curadora
*En Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthluceno. Trad. Helen Torres, Consonni, 2019. Donna Haraway a partir de una idea de Marilyn Strathern.
Sobre las artistas y sus obras
Marianna Dellekamp (CDMX, México, 1968) Su práctica artística se mueve entre la fotografía, la instalación, los procesos colaborativos y el arte conceptual. El acto de coleccionar ha sido el campo de exploración de sus investigaciones desde hace tiempo. A partir de indagar en la necesidad humana de acumular y darle sentido(s) a los objetos, sus proyectos estudian la acción de ordenar y agrupar como construcción social. Su trabajo explora cómo construimos la(s) memoria(s): ¿De qué formas generamos vínculos afectivos con los objetos y en los espacios de nuestro día a día? Estas pertenencias personales se materializan resignificadas a partir del ojo de Marianna, quien rastrea las claves que quedaron en el aura de otros espacios y otros usos, para darles nuevos sentidos desde su propia sistematización para otros dispositivos. La colaboración con sus interlocutores es a veces más activa y en otras más sutil, sugerida a partir de preguntas o conversaciones que la artista lleva a cabo con muy diversos grupos de personas aliadas. En la fotografía Una mujer que observa a otra mujer observando mujeres y el poema Recuerdo las fresas de mi pastel de cumpleaños, sus experiencias como artista y como persona forman parte de la alquimia que se da entre los libros, palabras y recuerdos que examina y reordena, para proponer nuevas posibles lecturas desde su contemporaneidad. A la vez que aporta otras posibilidades renovadas y frescas de relaciones con nuestra cotidianidad presente, rinde homenaje a momentos, existencias e historias (huellas) pasadas.
Temas: Memoria y archivo, acumulación y coleccionismo, materialidad y resignificación de objetos cotidianos, objetos como contenedores de historias, el espacio habitado y la relación entre objetos y arquitectura, las huellas o pistas que dejan las personas en los lugares que habitaron. Participación colectiva y procesos colaborativos. Vida y obra entrelazadas.
¿Qué permanece en las colecciones? ¿Cuántas lecturas tiene una colección? ¿Cuántas lecturas tiene un mismo libro? ¿Qué universos contienen las colecciones?
María Ezcurra (Buenos Aires, Argentina, 1973). Desde sus primeros trabajos en los años 90, María ha estudiado temas vinculados entre sí que hoy son revalorados y revisados por miradas curatoriales y feministas de generaciones más jóvenes. Migración, medio ambiente, cuerpo, identidad, lenguaje y dinámicas sociales –históricas y vigentes– se entrelazan en sus proyectos para examinar la agencia cultural de los objetos para producir sentido y señalar mecanismos de inequidad. Desde una perspectiva que vincula cuerpo y territorio, la artista re-configura formal y espacialmente elementos diversos de marcada resonancia simbólica para recordar y traducir (¿o digerir?) historias de identidad y pertenencia. Al hacer visibles procesos de coincidencia, resiliencia y resistencia física, la artista pone el foco en las asimétricas normas sociales, políticas y legales de exclusión y control social, de género, raza y clase en las que vivimos y operamos.
Los materiales con los que ha trabajado incluyen ropa (medias de nylon, vestidos, zapatos), maletas, mantas isotérmicas aluminizadas, cajas de cartón y etiquetas de ropa recicladas,
mismos que adquieren nueva corporeidad a través de sus instalaciones, textiles intervenidos, esculturas, dibujos, proyectos participativos y performances. Cada componente contiene y da cuenta de otras historias personales que han sido preservadas, como recipiente y refugio, a la vez que da forma a piezas que son tanto denuncia visual como archivos escultóricos de experiencias sensibles. Algo cercano a homenajes, monumentos o bitácoras poéticas de memorias compartidas que nos conectan, aún, como humanidad. Manifestaciones maleables, frágiles pero resistentes en coexistencia lúdica. En este sentido, su instalación textil Synapse (en español, “sinapsis”) reflexiona sobre la idea de los enlaces posibles entre ideas, emociones y percepciones sin olvidar las tensiones inherentes a todo proceso de intercambio y conexión entre cuerpos, espacios y sus delimitaciones.
Temas: Migración y desplazamiento, tensiones entre pertenencia, movilidad y fronteras. Lenguaje, comunicación, traducción, trabajo doméstico y género, el cuerpo como archivo social, participación y comunidad, colaboración, consumo, capitalismo y cultura material. Práctica de cuidado y resistencia. Vida y obra entrelazadas.
¿Qué historias guardan los materiales y texturas con las que convivimos cotidianamente? ¿Qué otras historias se pueden entrelazar? ¿Cómo conectarse para resistir?
Bárbara Foulkes (Buenos Aires, Argentina, 1982) Es artista, coreógrafa y gestora cultural radicada en la Ciudad de México desde 2008. Su práctica interdisciplinaria incluye procesos dedicados de observación cotidiana en los que el cuerpo es el tema principal y punto de partida para explorar de manera crítica sistemas de poder, memoria y vigilancia.
El estudio del cuerpo como sistema integral de pensamiento y comunicación –tanto personal como colectiva– la ha llevado a experimentar en coreografías, dibujos, instalaciones y videos que cuestionan las relaciones jerárquicas entre objetos y cuerpos, cuerpos y espacios. El cuerpo, en su dimensión escultórica y técnica, se adecúa a los distintos sitios a los que reacciona, en interlocución con dispositivos no-humanos de cada sede: maquinaria, estructuras arquitectónicas o mecanismos en movimiento son los contrapesos con los que Bárbara dialoga para (re)crear los equilibrios y las tensiones propios de las correspondencias entre mundos, realidades y posturas. A partir de gestos mínimos, recorridos urbanos, acumulaciones y repeticiones de patrones, sus performances coreografiados son puestas en acción de reflexiones poéticas sobre: el tiempo, la atención y la experiencia de estar –de ser en relación con el mundo que nos rodea y hemos creado como humanidad. Al llevar a cabo las composiciones corporales previamente diseñadas y planeadas, Bárbara deja un rastro a manera de “restos escultóricos”, dibujos o video. Son huellas de intercambios, roces e intercambios sucedidos y potenciales que dan cuenta de una cierta “dramaturgia del movimiento”. Partituras tanto estudiadas como intuitivas para trazar una cartografía del gesto que alberga indicios o pistas de otras formas de comunicación posibles, entre: cuerpo y espacio, fortaleza y vulnerabilidad, vitalidad y fragilidad, flexibilidad e
inadaptabilidad, lo natural y lo artificial, material y espiritual, lo afectivo y lo práctico. Cómo siendo peces podemos ver el agua, acción de 32 minutos para tres intérpretes y una excavadora industrial que fue grabada y fotografiada, es una reflexión sobre la relación de los seres humanos con las máquinas que la humanidad misma ha creado. ¿Quién maneja y determina los movimientos de quién? Un cuestionamiento sobre el cuerpo en movimiento y la capacidad expresiva de los artefactos con los que se construye nuestro entorno, sobre las tensiones y límites entre fuerza y delicadeza.
Temas: Cartografía de lo cotidiano. Memoria corporal. Memoria y registro. Lo cotidiano, lo que ahí está como espacio de reflexión de estructuras sociales y afectivas. Metodologías de observación. Saberes ancestrales, desde el cuerpo, en diálogo con lo mecánico, artificial. El cuerpo como vehículo y como puente. Experiencias personal y colectivas entrelazadas.
¿Cómo ver con/desde el cuerpo? ¿Cómo relacionarnos con el entorno desde otros puntos de vista, para entender otras perspectivas? ¿Cómo nuestros recorridos urbanos, acumulaciones de recuerdos y patrones de vida revelan estructuras sociales y afectivas condicionantes?
Blanca González (Ciudad de México, 1981) El eje de su práctica artística es el paisaje. A partir de la investigación, el dibujo y la escultura, Blanca reflexiona acerca de la transformación del paisaje y la memoria mineral, así como sobre la noción de permanencia de las formas geológicas ante la existencia fugaz de los seres vivos. ¿Cómo alteran nuestra experiencia del territorio los procesos de construcción, intervención y ocupación de la superficie terrestre? ¿Qué historias se descubren y qué historias se borran? Su trabajo cuestiona la coexistencia y convivencia de escalas y temporalidades distintas: lo humano personal y lo mineral compartido –en coincidencia y erosión– a través de los milenios. En sus dibujos y esculturas, la artista registra y reinterpreta huellas minerales para profundizar en texturas, formas, escalas y procesos potenciales de contemplación y transformación del entorno. ¿Qué puede quedar del paisaje una vez que se intervino? ¿Cómo encontrar sentido?
Sus proyectos de escultura y dibujo más recientes entrelazan procesos naturales, historia y memoria para explorar la transformación de ciertos elementos naturales en objetos con otras cargas simbólicas: como futuros vestigios arqueológicos, elementos constructivos, altares o amuletos. A partir del retrato y la transfiguración, Blanca indaga en las historias que albergan, como testigos silenciosos, las piedras. Según el encuadre desde el cual se les mire, son testigos de transformaciones históricas de resonancia comunitaria o acompañantes de tránsitos e hitos personales y contemporáneos. Piedras ruina y remanente, pero también soporte de otras historias y posibilidades gráficas, formales y simbólicas. El trabajo de Blanca reflexiona sobre la nobleza de un elemento que puede ser tan resistente en su condición de observador, como maleable contenedor de capas significantes, personales y compartidas entre individuos y generaciones. Tanto en los dibujos de la serie Atzompa como en las esculturas de cantera de Magdalena, Blanca
reflexiona sobre un tiempo geológico que nos rebasa y maravilla, y precede a la modificación artificial por la mano humana. Sus obras contienen parte de la historia de la tierra, a la vez que son reconfiguraciones de paisajes preexistentes, transformados tanto por la fenómenos naturales como por acciones humanas de carácter escultórico.
Temas: Paisaje, territorio, transformación, escala, relación humanos-naturaleza, registro y memoria, tiempo geológico-tiempo humano. Testimonio, testigo. Fugacidad/Permanencia. Lo micro y lo macro. Lo territorial y lo individual. Lo personal y lo común.
¿Cómo enmarcamos el paisaje? ¿Qué hay de nosotros en el paisaje y del paisaje en nosotros?
Kara Rooney (Estados Unidos, 1979) Es artista y crítica interdisciplinaria. Su trabajo en performance, escultura e instalación de sitio de específico gira en torno a temas interrelacionados, especialmente el lenguaje, la percepción, la memoria y el cuerpo en relación con el espacio. Los conceptos de escala y movimiento también juegan un papel determinante en la planeación y el desarrollo de sus proyectos. Trabaja usualmente con procesos performativos y materiales que sufren modificaciones o guardan huellas de acciones y temporalidades: rastros, marcas acumuladas y vestigios de sus acciones que nos hablan de otras formas de medir, registrar y relacionarnos con nuestro entorno.
Sus obras investigan cómo el cuerpo participa en la experiencia estética de nuestros universos momentáneos y volátiles, en cómo lo interpretamos. La presencia física, el movimiento y la percepción sensorial forman parte de sus procesos de registro y traducción para construir la memoria de lugares y momentos. Ejemplo de esto es su serie Desire Line, la cual implicó una repetición de “acciones coreográficas” durante sus recorridos por las calles de la Ciudad de México: tras una serie de conversaciones con vecinos residentes para conocer cómo han cambiado su barrio, Kara realizó frottages de aquellos fragmentos representativos de edificios bajo amenaza de demolición para registrar sus relieves y texturas. El encuadre y las medidas de sus “calcas arqueológicas” estuvieron determinados por su estatura y el alcance de sus manos con los brazos extendidos. Después fueron reelaboradas y entretejidas en collages y dibujos a gran escala para conformar las obras de la serie. Fragmentos de una ciudad, de un momento cargado de otras historias, desde un punto de vista puntual, determinado por una escala particular para proponer una manera de leer el paso del tiempo y encapsular lo que se va. Desde el cuerpo, en conexión con el sitio y como propuesta de memoria y mapa cultural, pero también como recordatorio crítico ante los procesos expandidos de gentrificación urbana local y global.
Temas: Relación entre lenguaje, cuerpo e imagen. Memoria y transformación. Identidad cultural. Conciencia colectiva. Lo presente y lo invisible, desde la huella. Traducción. Conexión entre lo común, lo que nos conecta, desde lo personal-corporal.
¿Qué fragmentos de recuerdos conforman nuestras memorias?